
Por otra parte, el amor a Dios también es puesto a prueba, en la manera cómo el discapacitado se vincula a su entorno. Porque la limitación física, no significa limitación de capacidades intelectuales para asumir el reto de la vida. Si para Dios tú no eres un discapacitado, entonces no debes sentir autocompasión por tu propia condicíon de discapacitado. Un discapacitado cristiano, no ha perdido la esperanza, ni se deja arrastrar por la autocompasión o por complejos. Porque su fe en Dios lo fortalece, al saber que para Dios no es un discapacitado, y que Dios lo bendice con una fuerza interior que es la admiración de todos quienes lo conocen.
No olvides que Jesús siempre expresó la Grandeza de su Amor, sobre los más débiles y más necesitados. Él mostró con su ejemplo, que tales personas, más que nuestra lástima o indiferencia, requieren con urgencia de nuestro incondicional apoyo, y que ellos no son diferentes, sino que la diferencia la ponemos nosotros mismos en cómo los vemos, porque al final de cuentas "son seres humanos", con un corazoncito que pide amor.

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