Pese a los problemas que puedas tener con algunas personas, que ha veces te defraudan a tal grado, que piensas que no volverás a confiar en nadie, la realidad es que la gente te hace falta. Te relacionas con gente en tu trabajo, o en tu vecindario, o en el hospital, o en la
universidad... y el mensaje del evangelio que quieres predicar, es para la gente, no para extraterrestres o para animales, o para guardarlo de recuerdo en un baúl. Hoy pídele a Dios disfrutar de lo mejor de la gente que te rodea, y que te permita obviar lo que ves de malo en ellas. Que Dios te permita mirar bonito a la gente, y piensa que ellos te ven igual, a no ser que des motivo para lo contrario. Desarrolla el hábito de esperar sólo lo mejor de la gente, y regálales siempre la sonrisa que sólo es capaz de producir un corazón que rebosa del Amor de Dios en su vida. Aprende a amar más cada día a la gente, porque eso te da más y mejores resultados que estar enemistado con la gente, incluso, es más saludable, por lo que no estaría mal que asumieras como terapia restauradora de la salud el practicar más el amor recíproco a la gente. Por el Amor de Dios que vive en mí, puedo exclamar jubiloso: ¡Viva la gente!.
universidad... y el mensaje del evangelio que quieres predicar, es para la gente, no para extraterrestres o para animales, o para guardarlo de recuerdo en un baúl. Hoy pídele a Dios disfrutar de lo mejor de la gente que te rodea, y que te permita obviar lo que ves de malo en ellas. Que Dios te permita mirar bonito a la gente, y piensa que ellos te ven igual, a no ser que des motivo para lo contrario. Desarrolla el hábito de esperar sólo lo mejor de la gente, y regálales siempre la sonrisa que sólo es capaz de producir un corazón que rebosa del Amor de Dios en su vida. Aprende a amar más cada día a la gente, porque eso te da más y mejores resultados que estar enemistado con la gente, incluso, es más saludable, por lo que no estaría mal que asumieras como terapia restauradora de la salud el practicar más el amor recíproco a la gente. Por el Amor de Dios que vive en mí, puedo exclamar jubiloso: ¡Viva la gente!.