Porque la vida es cotidiana, Dios es cotidiano. Es que Dios no es sólo los matutinos del alba o para despedir en oración cada noche. Porque, Dios es mi presencia permanente, todo el tiempo, en todo lugar, en toda circunstancia, ante toda persona, y eso hace cotidiana su Presencia en todos mis asuntos. Dios siempre está allí, conmigo. Por eso, nunca me siento sólo ni con temor. Por eso, cotidianamente, escribo sobre Dios. Tengo una vida cotidiana, por tanto tengo mi Dios que es cotidiano, porque siempre está en todas mis cosas y asuntos cotianos.

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