Importante:
La presente publicación es una transcripción textual de un video youtube de la «Dra. Menchu Moreno | Psicóloga Colegiada,» 🚀 que lo puedes ver en su canal oficial «@MenchuPsicologa» 🚀 y de paso si lo deseas te suscribes, que apoya mucho su trabajo, muy útil para conocer la psicología; ❤️ pudiendo luego cada quien 🔎 profundizar investigando en internet los patrones mentales y miedos que ella extrae de cada personaje. Mi propósito es crear luego vocabulario básico de psicología aplicada a la perfilación de figuras públicas.
Palabras clave: Fe, cerebro, alma, vacío existencial, neurosis noógena, anomia, rituales.
(Transcrito con la tecnología de TurboScribe.ai.)
En 1978 el 90% de los españoles tenía fe. Creía en algo. Hoy la mitad no cree en absolutamente nada. Casi tres de cada 10 españoles presenta síntomas depresivos. Somos el país de Europa que más pastillas toma, consume para dormir. Esto lo puedes llamar casualidad o puede que haya algo que nadie se ha parado a pensar.
Yo no voy a decirte en qué tienes que creer, si es bueno tener fe o no, porque yo no soy nadie para hablar de eso, pero sí que voy a explicarte qué le pasa al cerebro humano cuando no cree en nada y la sociedad se llena de almas perdidas.
Se toman más antidepresivos que nunca. Hay más soledad que nunca y millones de personas que no saben para qué se levantan por la mañana. Algo no cuadra en la sociedad. La psicología tiene una explicación muy concreta para esto a través de tres capas muy interesantes que hoy te voy a desvelar.
Porque el problema de vivir sin fe, sin un marco, sin pertenencia o sin un para qué tiene, como te he dicho, tres capas muy importantes. La primera es individual. Es decir, ¿qué le pasa a tu cerebro cuando no tiene un norte? La segunda es más social, lo que le pasa a toda la sociedad cuando pierde el pegamento que la une. Y la tercera capa es biológica, lo que la neurociencia dice sobre los rituales y por qué tu sistema nervioso los necesita, aunque no lo sepas. Empezamos la disección.
La primera capa es el acío existencial. No hablo de una crisis de identidad pasajera que podemos tener todos. Víctor Frank, el psiquiatra y superviviente de los campos de concentración, descubrió que el ser humano no busca el placer por encima de todo, busca el sentido de la vida. Él demostró que cuando un hombre no encuentra un para qué vivir, su mente no se queda en pausa, su mente se deteriora. Y esto no es filosofía, es un proceso clínico consecuencias que puedes ver hoy día en cualquier ciudad.
Para tratar de entenderlo, lo voy a explicar con una metáfora. Imagina que el ser humano es un barco en mar abierto. La sociedad moderna nos convenció de que ser libres era no tener amarras, pero un barco sin ancla no es libre. Es un barco que antes o después está a la deriva. Frank lo vio en el horror de Auschwitz, el preso que tenía un sentido, es decir, una familia que recuperar, un trabajo importante que terminar, sobrevivía. El que perdía ese ancla se entregaba a lo que venía, se fumaba un último cigarrillo y dejaba de luchar.
Cuando el alma se rinde, el cuerpo simplemente acaba apagándose. Esto no es ninguna metáfora, es lo que el documentó.
Piensa en ese profesional que tiene todo, pero que al despertar siente un vacío que realmente no sabe explicar. Cuando tú le preguntas para qué haces todo lo que haces, se queda en blanco. En psicología esto se llama la neurosis noógena. Es una angustia que viene de un vacío de propósito.
Quiero que pienses cómo intentamos llenarlo hoy, con dopamina barata, con redes sociales, con compras compulsivas, con sustancias. Buscamos ruido porque el silencio nos recuerda que no tenemos norte. Y lo peor es que no hay una pastilla en el mundo que cure la falta de significado. Y es ahí cuando el cerebro desesperado empieza a buscar sustitutos muy peligrosos.
Pero mira, ojo, porque este vacío no solo rompe a las personas. Cuando el vacío es individualizado de forma masiva, pasa a ser colectivo y eso nos lleva a rascar en esta segunda capa tan interesante.
Brevemente recordarte que si te reconoces en patrones disfuncionales, emociones que te bloquean, miedos, sientes que hay algo en ti que no sabes identificar, en mi sesión de análisis lo vemos juntos y vemos cómo empezar a solucionarlo. Tienes el link en la descripción del video.
La segunda capa de la que te hablo es la anomia. Este concepto lo acuñó Emily Durkeim, uno de los padres de la sociología, y sí que lo escribió en el siglo XIX, pero mira, parece que estaba mirando por la ventana al futuro hasta nuestros días.
Anomia significa que se ha roto la norma moral compartida, ese código no escrito que nos decía que estaba bien, que estaba mal y sobre todo que estábamos todos luchando por algo.
Para tratar de entenderlo, recuperamos la metáfora del barco de antes. Imagina ahora que no es solo tu barco el que va sin ancla por la vida, es toda la flota. Son todos los barcos del océano. Alguien dice que para que cada barco sea libre tenemos que quitar todas las amarras de golpe, toda las anclas. Durkeim fue muy claro. Cuando la religión y la tradición pierden su fuerza como pegamento social, el vacío que dejan no se llena con nada. Y el resultado es la anomia, una sociedad fragmentada donde cada uno va a lo suyo y nadie sabe a qué pertenece.
Durkeim demostró con estadísticas que esto dispara conductas destructivas y personas que deciden finalizar con su vida. El único motivo es la falta de un vínculo. Piensa en una pareja que lleva 25 años casada. Antes tenían un marco. La familia era un gran pilar. Las reuniones de los domingos, las fiestas del pueblo, una comunidad que de una manera u otra sostenía esa familia. Eso no era solo costumbre, era un pegamento que le recordaba por qué valía la pena el esfuerzo. Cuando ese marco desaparece, de repente un día se miran y ya no saben qué comparten. No es que no se se quieran, es que han perdido ese ritual que los mantenía unidos.
Durkeim lo explicó. Las sociedades con vínculos fuertes tienen menos caos. No porque la religión las vigile, sino porque la pertenencia les da un marco de seguridad.
Así que necesitamos pertenecer a algo más grande que nosotros. Esto es una necesidad evolutiva. Y cuando es la familia, la patria, la fe, hay muchas formas. Esto dejan de ser los marcos y el individuo entra en un caos existencial.
Pero quiero preguntarte, ¿por qué nos afecta también físicamente? Porque mira, la tercera capa tiene una explicación que la ciencia moderna acaba de descubrir y que te va a dejar helado.
Esta tercera capa son los rituales como reguladores neurobiológicos. es el que más le cuesta aceptar a quienes creen que la fe, la patria o cualquier marco es solo algo del pasado.
Resulta que el ritual, rezar, ir a misa, la oración colectiva, tiene un efecto neurobiológico medible y real. Y esto no lo inventó ningún cura en un sermón. Está documentado por neurocientíficos en los laboratorios más avanzados de todo el mundo.
Volvamos al barco para entender esta capa. No necesitas ser creyente para comprender que el ancla es necesaria. La ciencia ya te lo confirma. Existen más de 3,000 estudios que analizan la relación entre la práctica religiosa y la salud mental. La revisión más exhaustiva fue realizada por el Dr. Harold Coining y analizó décadas de publicaciones académicas. ¿Cuál fue la conclusión? La conclusión fue que la práctica religiosa regular se asocia directamente con menos depresión, menos ansiedad y una capacidad de recuperación ante golpes del destino que no tiene ningún tipo de comparación.
Esto, ¿por qué ocurre? Porque el ritual hace tres cosas que tu cerebro ansía. La primera es que te ancla en el tiempo, la segunda es que te conecta físicamente con otros y la tercera es que te saca de tu propio drama para recordarte que eres parte de algo eterno, más grande que tú mismo.
Quiero que pienses en una familia que mantenía sus tradiciones, la cena de Navidad con su carga simbólica, la misa del domingo, el respeto a los que ya no están. Eso no eran solo costumbres, eran momentos donde el sistema nervioso de cada miembro de esa familia se regulaba. Había previsibilidad y había un relato compartido de quienes estaban allí.
Los estudios sobre el duelo son muy tajantes. Quienes tienen una práctica espiritual gestionan la muerte de un ser querido de forma mucho más sana, no porque se engañen, sino porque tienen un marco de sentido. Y como dijo Víctor Frank, el que conoce el porqué puede soportar casi cualquier cómo. A mí esta frase me encanta, la verdad.
Así que todos necesitamos un marco. Yo también, todo el mundo. Y no hablo de dogmas cerrados, hablo de la necesidad biológica de un ancla. Porque cuando el sistema nervioso no tiene rituales que lo regulen, el estrés se vuelve mucho más crónico.
Así que quiero que veas cómo encaja todo. Cuando una sociedad quita el marco de sentido, el individuo se siente vacío. Ese vacío se vuelve colectivo y nos fragmenta en la anomia. Y sin ritos que nos unan, el sistema nervioso acaba colapsando.
Así que mira, la fe es el ancla más antigua y más estudiada, pero no es la única. Una familia con un proyecto, una comunidad con valores compartidos, la patria, una causa más grande que uno mismo, una asociación o hacer algo valioso de forma sostenida por los demás.
Tu cerebro no evolucionó para vivir sin pertenencia ni sin valores compartidos. Es como quitar las vigas de un edificio porque son viejas y no pones otras nuevas. El edificio se acaba cayendo porque no hay realmente viga ni vieja ni nueva que lo sostenga.
Así que si te preguntas qué puedes hacer hoy mismo porque te sientes identificado y necesitas un marco, te doy cuatro puntos claves.
El primero es que identifiques tus valores que no son negociables. Si no tienes un por qué claro, cualquier tormenta te va a llevar a cualquier sitio.
El segundo punto es que recuperes los rituales. Cenas inmóviles. los domingos con tu familia, si la tienes o con una estructura. Busca momentos de silencio y momentos para compartir con una comunidad. Tu cerebro necesita hitos en el tiempo para no vivir en una ansiedad constante.
El tercer punto es que busques pertenencia real. Rodéate de gente con tus mismos valores, no con tus mismos intereses, que también, pero sobre todo con tus mismos valores.
Y el cuarto punto es que le des sentido si estás sufriendo. Como demostró Frank, el sufrimiento se soporta cuando tienes un propósito. Pregúntate cuál es el tuyo.
Todo esto que hoy te cuento es biología pura, así que no se trata de creer o no creer, de fe o no fe. Puede ser ateo, puede ser católico, evangelista, da igual. Se trata de entender lo que pasa cuando no tenemos anclas y navegamos a la deriva sin propósitos y sin sentido de pertenencia.
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