Una reflexión muy oportuna, porque la "ayuda idónea" del esposo es su esposa, pero, ¿qué ocurre cuando otros aspectos importan más?. Cuando la mujer se ocupa más de no engordar, o de hacerse cirugías en pechos o nalgas, o dar más tiempo a la profesionalización que al hogar, o de ampliar su "círculo de amistades profesionales", la lista es más larga, dejémosla allí, para reflexionar: ¿en qué ayudan esos intereses, más de vanidad que de espiritualidad, al trabajo del padre que está pensando en su labor de levantar un hogar fiel a Dios?. ¿Qué relación tiene la fidelidad a Dios con hacerse cirugías en nalgas?, ¿qué mensaje espiritual ve una hija en una madre que desatiende a su esposo por sus nuevas amistades profesionales?. Es decir, es asunto de ver la triple responsabilidad de la mujer, ante Dios, ante su esposo y ante su familia. Buena influencia no es modernizarse aceptando galanteos de doble sentido masculino, ni desacatar la autoridad del esposo, ni "ingerir 2 o 3 copitas por compromisos sociales" ante amigos profesionales. La mujer de Dios es de conducta recta en todos sus actos, y esa rectitud incluye fidelidad y respeto al esposo, como buen testimonio ante los hijos.

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