Artistas, escritores, músicos, deportistas, militares, han inmortalizado el genio humano. Al apreciar sus aportes, veo unas vidas valiosas. Quizás en una dimensión menor podemos dar esa trascendencia a nuestras vidas, inculcando desde pequeños a nuestros hijos, la búsqueda de las cosas de Dios. No resonaremos a nivel mundial, pero en los cielos los ángeles dirán: ¡misión cumplida!. No caigamos en el error de pensar que en esas edades ellos no captan nada, cuando es todo lo contrario: con adecuada y profesional orientación, se puede ir instruyendo al niño desde sus enseñanzas iniciales hacia las cosas de Dios. Incluso, por lo visto en estos días en cualquier hogar, respecto a la consuetudinaria falta de respeto, hay que hacer un esfuerzo importante en rescatar el valor social, que antaño era común, del respeto a la autoridad de los padres.Incluso, en la época que yo crecí esa autoridad era delegada en los hijos mayores, y de igual forma era acatada. Lo visto en la actualidad, confirma que el respeto no es genético, hay que inculcarlo, primero a Dios, y fundamentado en este, luego a los padres, lo que dará por resultado espontáneo respeto al prójimo y símbolos patrios: porque todo es una cadena.

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