Cada mañana busco muy de madrugada a mi amado Jesucristo. Le encomiendo a su guía y protección el día que está próximo a iniciarse. En reverente oración le pido por la buena marcha de todas mis acciones en el trabajo y en el hogar. Confiado, salgo a enfrentar mi día. De esta manera, me adelanto a atar bajo su poder cualquier estorbo en mi camino.

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